Trastienda

 

 

VIDEO EXHIBITION_

SADIE BENNING

 

 

 

 

 

Los filmes de Sadie Benning pueden concebirse como un espejo ante el cual esta polifacética artista norteamericana (re)presenta su identidad. Un espejo que, lejos de ofrecer una imágen veráz, unívoca y coherente de sí misma, le permite exponer y ensayar múltiples y posibles imágenes de un yo adolescente que se presenta como asertivo y resistente al mismo tiempo. Sus miradas frontales a cámara, los primerísimos primeros planos de sus ojos o su boca, parecen replegarse sobre sí mismos, buscando la aprobación y el reconocimiento propios, antes que de la audiencia.

 

 

Benning nacida en 1973, explora temas relacionados con la vigilancia, género, transgresión, ambigüedad, intimidad e identidad. La mayoría de los cortos de Benning combinan actuación, narrativa experimental, escritura a mano y música cut-up para explorar, entre otros temas, el género y la sexualidad. Utiliza la cultura pop, como la música, la televisión o los periódicos, para amplificar su mensaje mientras parodia simultáneamente la misma cultura pop. 

 

 

El uso de una variedad de medios en su trabajo da una idea al espectador sobre cómo Benning ha estado interactuando principalmente con el mundo. A medida que su trabajo ha progresado, Benning ha utilizado cada vez más imágenes de su propio cuerpo y voz.

 

Comenzó a filmar a los quince años, cuando su padre, James Benning, le regaló por navidad una Pixelvision, la cámara de juguete lanzada al mercado por la casa Fisher Prize a finales de los ochenta. 

 

Sus imágenes en blanco y negro de baja definición, altamente pixeladas, y enmarcadas por un recuadro negro se han convertido en seña de identidad de su obra. A pesar de la fuerte impronta autobiográfica de su trabajo, Benning también es autora de videoclips (para Come y Julie Ruin), de la mini serie de animación The Judy Spots (donde una figura de papel maché da cuerpo a una adolescente desorientada) y de un largometraje en que mezcla actores con animación, Flat is beautiful (1998), donde prosigue su exploración de la psicología adolescente. 

 

Sus primeras piezas, A new year (1989) y Living Inside (1989), ya perfilan uno de los rasgos esenciales de su obra: la brecha insalvable entre el exterior y el interior, entre un “ellos” que se presenta amenazante y un “yo” angustiado por su diferencia, entre un mundo hostil y agresivo (al que generalmente accedemos a través de los media) y una habitación propia que le permitirá imaginar otras realidades. Careciendo de voz en offA new year se presenta como la prolongación videográfica de un diario escrito, en la que Benning combina filmaciones de su cuaderno con planos de la pantalla del televisor y de un periódico. Un concurso y titulares sensacionalistas se alternan con frases contundentes: “Me di cuenta de lo locos que estaban todos”, “Una amiga fue violada por un hombre negro. Ahora es una racista nazi skinhead”, “Mi vecino está vendiendo crack”, “Nuestra nación es adicta a la más dañina de las drogas, el dinero.” La yuxtaposición de ambos elementos crea un collage sincopado en un vídeo en que predomina la indefinición (la cámara apenas se detiene en los objetos), los planos de corta duración (que a menudo se congelan en el último frame) y un montaje en cámara plagado de transiciones rugosas que dejan a la vista las imperfecciones sonoras y visuales del video. 

 

 

Un plano en que vemos cómo la persiana se cierra velando el exterior parece dar pie a Living Inside, donde Benning continúa con su estilo ágil, impresionista y todavía tentativo, a pesar de que aquí ya incluya su propia voz. Su lenguaje directo da cuenta de su soledad y aislamiento, y sugiere el coming-out que dará cohesión temática a sus siguientes trabajos. La simple anécdota que cierra la pieza es lo suficientemente reveladora de un lenguaje verbal sintético, explícito y sin tapujos que revela la fuerza y rebeldía de la adolescencia. Benning cuenta cómo vio a un exhibicionista masturbándose, para compararse a continuación con él: “Yo soy una de ellos… Estoy convencida de que hay gente que piensa que yo soy rara, pero no soy un enano que se masturba en una biblioteca. Soy bastante inofensiva.”

 

Esta imagen que trastoca la noción mítica de la infancia como espacio de seguridad será desarrollada en A place called lovely(1991), un filme que parte de su propia experiencia personal (el acoso escolar de un vecino), combinada con noticias de los periódices y el relato del caso brutal de un asesino en serie que acabó con la vida de más de una veintena de niños. Al  tiempo que constata cómo la violencia entra en su vida (y la confronta con la América “ideal” que trata de ocultarla), la directora deconstruye la perversidad que se esconde bajo el mito de la “niña buena”. Frente al consejo de una abuela que le decía que “las cosas malas sólo pasan a las malas personas”, Benning constata cómo este es un modelo que lejos de proteger, victimiza a las mujeres. 

 

Como ha observado Melissa Rigney en su excelente análisis de los videos de Benning, “Reconociendo que el empoderamiento se encuentra en la auto-definición más que en la conformidad a los estándares sociales y a las nociones vigentes de la feminidad, Benning, más allá de invertir el binarismo bueno/malo, lo subvierte demostrando como las definiciones convencionales de la feminidad están diseñadas para prevenir a las mujeres de explorar las posibilidades de su propia identidad y auto-afirmación”. Y lo que es más importante, “la chica mala” saquea los iconos masculinos de poder y rebelión para su propio uso, permitiéndole asumir una libertad que traspasa los límites de género y sexualidad.”

 

 

Sadie Benning continúa la tradición estadounidense del diario filmado (Jonas Mekas, Stan Brackhage, Stephen Dvoskin), pero con un enfoque postfeminista. Ella no intenta relatar su vida o encontrar en la cámara un medio para aceptar la realidad; ella usa el video para construir una alegoría de su condición de mujer artista, jugando con los efectos del estilo: la cámara Fisher-price transforma las imágenes en íconos y el gusto de la infancia se traduce por todos los medios posibles, incluida la violenta brutalidad del comportamiento. Agresiva en la medida de la agresión real o simbólica que recibe y con absoluta desconfianza del mundo adulto percibido como una industria del sexo y la violencia, ambivalente en su relación con la representación del cuerpo (el deseo siempre tiñe las imágenes con un carácter casi erótico encanto), Sadie Benning produce películas de video con un sabor de los años noventa. Sin artificios técnicos, sin una deconstrucción sofisticada de sistemas narrativos o estructuras de representación, sino un enfoque corporal y crudo que se encuentra con el espectador con una sinceridad que reemplaza la comunicación hasta ahora imposible. (LLH)

 

 

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Living Inside, 1989,  5:10 min.

 

Cuando tenía 16 años, Benning dejó de ir a la escuela secundaria durante tres semanas y se quedó adentro con su cámara, su televisor y un montón de ropa sucia. Esta cinta refleja su psique durante este tiempo. Con la imagen dividida entre ediciones, la calidad aproximada de esta cinta temprana captura la sensación de aislamiento y tristeza de Benning, su retiro del mundo. Como tal, Living Inside es la confesión de un extraño crónico.

 

 

 

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A Place Called Lovely, 1991, 13:49 min.

 

Nicky tiene siete años. Sus padres son mayores y más malos "." Un lugar llamado encantador "se refiere a muchos tipos de violencia que las personas encuentran en la vida, desde palizas explícitas, accidentes y asesinatos hasta la violencia más insidiosa de mentiras, expectativas sociales y fe traicionada. Benning tiene Recopiló sus ilustraciones de esta violencia penetrante de muchas fuentes, rastreando eventos de la juventud.